miércoles, 29 de agosto de 2007

La opinión de Juan Manuel Ortega (II)

Segunda entrega de nuestro colaborador Juan Manuel Ortega que desde el Norte de España nos hace llegar su artículo de opinión.
En esta ocasión, Juan Manuel se suma al grupo selecto de "los elegidos" que pudieron ver la tarde histórica de El Cid en Bilbao el pasado 25 de Agosto.
Los sentimientos florecen en estas lineas que escribe Juan Manuel Ortega aún emocionado ante lo visto en el ruedo color ceniza de Bilbao.


YO VI A EL CID EN BILBAO (Por Juan Manuel Ortega)

Aún se oyen los ecos de los aplausos, del agitar de los pañuelos y del “Olé” ahogado por la emoción que miles de gargantas emitieron al unísono en el coso de albero color ceniza.
Manuel Jesús nos mostró lo que es ser torero. Como se templa la abrupta embestida con suavidad, sin brusquedades. Dio una lección de coraje al sobreponerse al dolor físico en los momentos que la corrida se complicaba agigantando la leyenda de la tauromaquia.

La tarde se presentaba proclive a ser importante, el diestro y la ganadería formaban un tándem que vaticinaba algo especial.
Estabamos desde el paseíllo receptivos a vivir algo especial y fuimos entrando en el viaje con el abrigo de una lidia inteligente y bien ordenada, con gestos técnicos que deberían mostrar a las futuras figuras para que aprendieran lo que es ser torero.
Desde el primero al sexto estuvo “El Cid” dispuesto a gustar y gustarse, tirando de pundonor cuando el “Victorino” de turno le complicaba la faena, eso es lo que diferencia a una figura del toreo.

El tercer y cuarto de la corrida en el que fue premiado con una oreja en cada uno, sirvieron para aumentar la temperatura de la plaza varios grados de la de por sí calurosa tarde taurina. En ellos nos volvió a dar muestras de cómo se lleva la muleta en el lugar que la responsabilidad es mayor, los medios. Dando aire cuando era preciso y llevando al animal con “la panza de la muleta”, como Dios manda. Un poco de suerte con el acero le hubiera reportado alguna oreja más pero hay que reconocer que el día estaba entrando en ese punto en el que las orejas no son lo más importante.

Llegó el quinto, era el típico “Victorino” cárdeno y astifino. De esos que ves una foto y sabes que ganadería es sin mirar el pie de página.
El saludo capotero fue correcto y en varas cumplió, pasando dignamente el tercio de banderillas. Entonces llegó el alboroto con la muleta y en los medios Manuel Jesús se salió. Aún tengo grabado en la retina una serie con la derecha en la que parecía se había parado el tiempo, lentos, ligados y con la mano baja, muy baja. El publico veía los lances templados y el pasar rendido del animal con la emoción a flor de piel.
Tras unos ayudados por bajo para cuadrarlo un pinchazo en lo alto y una estocada que hizo caer al toro sin puntilla, la plaza se rindió al torero del Salteras y al gran espectáculo que nos acababa de ofrecer.
El público no olvidó reconocer la sapiencia del presidente de la plaza que supo calibrar perfectamente la faena y no dudó en dar las dos orejas rápidamente sin esperas innecesarias.

El sexto fue un dulce y ligero postre en el que todo se realizó muy correcto, mención es especial merece el tercio de varas que se cuidó las formas como hace tiempo que no había visto.
Fin de fiesta con “El Cid” a hombros, la plaza rompiéndose las palmas a aplaudir y todos deseando contar cuando vimos a “El Cid” en Bilbao .

1 comentario:

Ramon dijo...

Yo estuve también allí y corroboro lo que comenta el sr. Ortega, fue un corridón y El Cid estuvo enorme.
Este año para mí es el nº 1, siempre callado pero ahí dejando su sello.
Me gustaría hacer mención especial a un par que puso el Alcalareño y la brega del Boni. Tiene una cuadrilla excelente.
Tarde para el recuerdo, para enmarcarla y enseñarsela a los que tienen la ilusión de ser figuras del toreo. Eso es lo que hace una figura del toreo, superarse.